Reproducido con autorización de Heduardo. Aquí el original http://heduardo.blogspot.com/2010/09/caos-fujimontesinista.html

Los audios difundidos por Jaime Bayly, las mentiras de Cambio Radical y afines, y el comportamiento de medios como Expreso, Correo, Willax y La Razón copian procedimientos aplicados en la campaña de la re-reelección de Fujimori entre 1999 y 2000. Algunos medios quizá no recuerdan estas ‘reglas’ del 2000, como demuestran los que sólo citaron las declaraciones de Fernán Altuve, dando categoría de ‘verdad’ a su dicho.

Si bien a diferencia del 2000, el JNE y la ONPE parecen no estar tomados por un único grupo de interés como entonces, vale reconocer que algunos rasgos de esta campaña se mueven en zonas que conocen mejor Sedapal y los gasfiteros. Y más importante todavía: este es el ‘calentamiento’ de la campaña de las elecciones generales. Lo que hemos visto en los dos últimos meses es una probadita.

Entonces: una rápida revisión a cómo informaron hoy ciertos medios capitalinos sobre la supuesta denuncia del candidato Altuve:

El Comercio:

Perú.21

La República:

Expreso:

Correo:

El Blog de Oscar Soto esta mañana precisó quién es Jaime Lastra Domínguez -colaborador de un candidato a regidor por Ate de Fuerza Social- de quien el elegido de Kouri dijo que era un terrorista de Sendero Luminoso. «No lo digo yo, lo dice la Comisión de la Verdad», agregó. Binario desmiente a Altuve citando a la misma CVR.

Además de lo que Soto ha informado en dicho texto sobre Lastra en Huaycán, hay datos disponibles en la red que muestran cómo dicho dirigente se enfrentó a Sendero Luminoso cuando ese asentamiento humano sufría la disputa por el poder entre partidos democráticos y el terrorismo. En 1995, el Apra e Izquierda Unida se enfrentaron a Sendero Luminoso cuando se conformaba la administración vecinal de Huaycán y estaban por elegir un agente municipal. Lastra era uno de los tres abogados miembros de Izquierda Unida que se enfrentaron en elecciones contra los dirigentes senderistas. Esa vez el candidato aprista ganó. Huaycán era en aquel momento como Cayara, Putis y tantas otras comunidades de Ayacucho, donde la población se cuidaba de los rastrillajes e intervenciones del Ejército pero también de las amenazas y delitos de SL.

Los audios presentados por Jaime Bayly dejan muchas dudas sobre la intención de difundirlos. La respuesta sencilla es que el presentador sólo piensa en el rating y que hace años cree estar más allá del bien y del mal. Es una especie de inimputable eventual. Pero podemos tener presente cuatro detalles adicionales: 1) Bayly está en un canal que tiene dueño y que permite y aprueba dichos contenidos.  2) La productora de El Francotirador trabajó con Carlos Raffo en los mitines de Chino, chino, chino! 3) Bayly trata con favoritismo la candidatura de Keiko Fujimori y 4) Ofreció al ex candidato Kouri tiempo que parecía ‘espacio político contratado’, fue una entrevista en la que le dio largo tiempo para contar chistes y mostrarse doliente por la muerte del padre.

Nada de esto quita el rechazo que genera escuchar a Barrón sugiriendo ‘mover las cifras’ de las encuestas de Ipsos-Apoyo, a Remigio Morales Bermúdez agendando reuniones de Lourdes Flores con la cuestionada Camargo, y a Felipe Osterling precisando que las portadas de Correo ya están coordinadas.  De los tres audios, quizá el único de ‘interés público’ fue el del lobbista aprista Morales Bermúdez.

No sé si siempre ha sido así, pero la política peruana en tiempo electoral requiere combinarla con infusión de boldo y un ojo bastante alerta al kiosko, la TV y la computadora, por lo menos.

Para quienes no vivieron con todas sus letras la campaña del 2000, algunas características de esa campaña (puestas en vigencia ahora por varios actores políticos) en el libro que escribí [Suma y resta de la realidad: medios de comunicación y elecciones generales 2000 en el Perú]:

Extracto de la página 192, libro editado por la Fundación Ebert.

Fragmento de la p. 194.

Y para quienes han llegado hasta aquí, un enlace al libro en el que colaboré este año sobre medios de comunicación y Estado en América Latina (ver el capítulo del Perú).

Roberto Bustamante escribe sobre conspiraciones y audios

El texto del Tea Party Cholo, por Alberto Vergara, es necesario también.

Pone la radio 'La Inolvidable' si uno no le sigue conversación.


En octubre 2008 un taxista que abordé en Miraflores me contó una historia triste y convincente: su hijo se había accidentado montando bici y estaba a punto de perder la vista. Lo iban a operar ese día sólo si podía retirar de la aduana unos lentes intraoculares que llegaban de Colombia. Hoy, lo encontré de nuevo -station wagon blanca, TGQ630- y contó el mismo cuento, sólo que esta vez era un embaucador sin salud mental.

Hoy fueron 40 minutos de miedo, no como el año pasado que lloré con lo contaba: le di unos kleenex porque él también lloraba. Aquella vez le pagué quince veces más de lo que debía ser la carrera porque si no llegaba con equis cantidad a mediodía a la aduana, su hijo perdería la vista.

«Acá en Lima la gente es muy mala. Yo vine de Casagrande con mi esposa, vivimos en Puente Piedra, cerca de unas chacras. Un día que hice un servicio del aeropuerto a Ventanilla me robaron el carro unos tipos vestidos con terno, por eso ahora tengo que alquilar carro», relató el año pasado.

El año pasado, la operación iba a ser en el Hospital Mogrovejo de Barrios Altos, un día de semana al inicio de la tarde. Por un tiempo estuve tentada de ir a averiguar si efectivamente habían operado a ese niño que se había accidentado cuando se tropezó en medio de las chacras, ‘haciendo carrera con un amiguito’. No fui.

Esta vez su auto se quedó sin poder avanzar en el Circuito de Playas, donde seguía repitiendo la historia. Agradecía que el servicio fuera en dirección al Callao para luego ir a la aduana. Se quejaba de otra mujer que más temprano no le ayudó a cortar camino en República de Panamá donde el tráfico era tan malo -decía- como en ese momento. «Acá es donde uno gasta más combustible. Esto no es obra de Dios. ¿Por qué tanto sufrimiento?», preguntaba mientras miraba maniáticamente la hora cada dos minutos y arreglaba el protector de tela sobre el tablero del auto.

Como la hora avanzaba y los camiones cargados de desmonte no dejaban avanzar, renegó. «Ya me fregué. ¿Me va a reconocer un sol más por la demora?», preguntó. Estuve a punto de bajarme luego de decirle que me debía dinero por la mentira del año pasado, que era un estafador, pero simplemente le dije que no. Respondió de mala manera. Luego le gritó a un conductor que pasaba por su lado: «¡Imbécil, cuida tu línea!».

Quería tomarle una foto, quería bajarme, quería salir de ese atolladero. Le pedí que me dejara en la Avenida del Ejército, pero no aceptó. «Yo la voy a dejar donde usted me ha dicho», contestó.

Así que cuando estaba como a 15 cuadras de mi destino, tomé la foto desde donde él no pudiera ver, en un semáforo le di el dinero y me bajé. Debe tener unos 55 años, usa lentes. Lo reconocerán porque de la nada le sale el tono de lamento-llanto y por la historia inconfundible.

Si tuviéramos algo parecido a un sistema de transporte, este tipo de taxistas y de historias no ocurrirían. Y quizá yo iría en bicicleta a mi trabajo como en 1991.