Miguel Cuevas consuela a nativo que llora al volver a su comunidad. (Archivo del sacerdote M. Cuevas).

Miguel Cuevas consuela a nativo que llora al volver a su comunidad. (Archivo personal del S.J. M. Cuevas).


Traducción de otra nota sobre Bagua en Opera Mundi.
El Perú vive aún las secuelas del enfrentamiento entre policías y nativos en la selva norte, ocurrido hace dos meses y que dejó 34 muertes en Bagua. Algunos heridos ya volvieron a casa, mientras otros permanecen en hospitales o reciben apoyo legal en procesos judiciales. En Chiclayo e Jaén la solidaridad de la población marca una nueva relación entre la población urbana y de origen andino con los nativos.

En Chiclayo, la población y organizaciones de la sociedad civil se movilizaron para donar cubrecamas, ropa, medicamentos y sangre. Según Yolanda Díaz, coordinadora de ayuda solidaria del Centro Esperanza, ONG, que trabaja en educación de niños y mujeres de la periferia chiclayana, el apoyo a las víctimas en esa ciudad fue sorprendente.

“Los familiares no querían dejar solos a sus heridos pero no tenían dinero para alimentos ni alojamiento. Con fondos de la Comisión Episcopal de Acción Social fue posible ayudarnos cuando se terminó la colaboración de los ciudadanos”, dijo Díaz a Opera Mundi.

La coordinadora reveló que la Junta de Usuarios (de riego) aceptó pagar los gastos totales de uno de los nativos heridos pese a que ni lo conocían. También comentó que el equipo médico del hospital Las Mercedes –donde llegó el mayor número de víctimas–, además de salvar vidas hizo una colecta para colaborar con la alimentación de los familiares de los heridos.

“Es un hospital con muchas carencias pero, en esos días, alquiló máquinas que no tenía para realizar cirugías y poder salvar las vidas”, comentó Díaz.

Víctima de una bala perdida en el pie, Atilano Cárdenas (21), fue uno de los jóvenes perjudicados el 5 de junio, a pesar de que no participó de las manifestaciones. Recuerda que se asustó cuando le informaron el precio de los clavos que tenían que colocarle en el pie: más de mil dólares. “Mi madre dijo que tendríamos que vender la casa, pero luego recibí ayuda. Me he sentido muy protegido en Chiclayo y estoy agradecido”, dijo a Opera Mundi antes de embarcar el ómnibus de vuelta a Bagua hace un par de semanas.

La violencia en Bagua ocurrió luego de que nativos de la región amazónica exigían la derrogatoria de leyes aprobadas en 2008 y que amanazaban sus territorios. Treinta y cuatro personas murieron en los enfrentamientos entre nativos y policias. Luego de un debate en semanas posteriores, el Congreso peruano aprobó la derogatoria de los decretos legislativos 1090 y 1064, por 82 votos a favor, 14 en contra y ninguna abstención.

Un nuevo vínculo
El sacerdote Miguel Cuevas, ex profesor de ética en la Universidad del Pacífico (Lima) y director-fundador del seminario jesuita de Jaén, encabezó la primera caravana de 14 camiones, para llevar 600 nativos de vuelta a sus comunidades el 9 de junio. Él explicó que, por primera vez, los campesinos, chotanos y la población urbana de Jáen se identificó con las causas de las etnias awajún y wampis.

Cuevas explica que siempre hubo distancia entre los de origen andino y los pueblos de la selva, pero desde que comenzó el paro amazónico, las personas apoyaron a los awajún, decían que ambos luchaban por los mismos problemas, ya que Jaén es una provincia con conflictos entre la población y las empresas mineras.

“Las expresiones de apoyo ocurrieron desde que algunos awajún llegaron detenidos a Jaén desde Bagua, algunos de ellos muy maltratados. Luego vinieron a la parroquia de Jaén, donde los ciudadanos fueron voluntariamente para cocinar y donar alimentos”, agregó el sacerdote.

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