A los heladeros se les acabó el nuevo producto con sabor a Inca Kola.

A los heladeros se les acabó el nuevo producto con sabor a Inca Kola.

Esta tarde cerró la muestra de esculturas ‘Del mito al sueño’ que incluía piezas de Auguste Rodin y Salvador Dalí y, según el señor Víctor, a cargo del control del aforo en el Museo de Arte Italiano, pasaron de 24 mil visitantes en los tres meses y medio que estuvo abierta. La espera para entrar fue de poco más de una hora bajo el sol.
Una vez dentro, dio gusto ser recibidos por un equipo de jóvenes precisos y amables al dar indicaciones para la visita. “Como ya saben, no se pueden tocar las esculturas, ni las bases ni los arcones como éste (señalando). Pueden tomar fotos sin flash pero no video. No se puede filmar. Y en consideración a quienes están esperando para entrar, por favor, permanezcan de diez a quince minutos. Ustedes se quedan libres y casi dueños de la muestra…”, palabras más, palabras menos, así nos recibieron.
El primer golpe de vista fue ‘El Pensador’ de Rodin, y luego hacia la derecha, Psique y otras esculturas sobre el amor y la mujer.
La ocasión fue especial para muchos visitantes, quienes pedían ser retratados, usualmente al lado del Perfil del Tiempo y del Gabinete Antropomorfo (1982) de Dalí.
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Antes de entrar, hubo momentos tensos para el personal de seguridad que ordenaba el ingreso de 20 en 20 personas. En algún momento, un supervisor se confundió o dejó de vigilar quiénes avanzaban para formar un grupo y algunas personas empezaron a reclamar por una familia que se coló. Hasta los personajes de los murales del Museo parecían molestos con el escándalo. Los vigilantes morían de sed y de calor y consiguieron una caja de Frugos y algunas botellas pequeñas de agua.
Posteriormente ya no hubo problemas en la fila. Los vigilantes comentaron que en este último día posiblemente habían pasado de 1,500 visitantes y que el sábado también tuvieron una cantidad similar de público, aunque lo regular en otros días fue de 500 a 800 personas.
“Ahí viene la mami con litros de gaseosa”, comentó uno de los vigilantes a otro de sus colegas por teléfono y se acercaron a ayudar a una señora que llegaba en un auto rojo con varias botellas de agua y de gaseosa de tres litros y varias cajas de Don Mamino. Al parecer, era el almuerzo del equipo que orientaba a los visitantes a media tarde.
La temporada debe haber sido un éxito para los auspiciadores del Museo de Arte Italiano y para el propio museo, y, al menos hoy -también- para los heladeros que vendieron sin parar.028
Al observar un buen rato los murales de la fachada, sorprende cuán agradecida habría estado la colonia italiana al Perú, para habernos regalado dicho museo cuando se cumplieron cien años de nuestra independencia.
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