El edificio del banco visto desde antes de Javier Prado.

El edificio del banco visto desde antes de Javier Prado.

Cuando tenía 16 años hubo un ciclo de lengua y literatura peruana organizado por el entonces denominado Banco Continental al que asistí varias veces. No le tengo miedo a los ascensores, pero me gustaba subir por las escaleras hasta el piso 18 donde quedaba un auditorio que se agrandaba de acuerdo a la cantidad de público.
Esta tarde, a la hora en que muchos oficinistas y empleados salían de sus trabajos o cachuelos, pasé por delante del edificio naranja de dicho banco -hoy BBVA- y recordé además la sorpresa que me daba encontrar en un descanso de la escalera de servicio, ediciones pasadas de periódicos en inglés, estadounidenses la mayoría. Estaban allí tirados, siempre algunos pisos más abajo del 18, supongo que esperando que los lleven a la basura. No estoy segura de haber tomado alguno porque los amarraban como un solo paquete, pero sí me quedaba un rato leyendo y disfrutando las noticias hechas fuera. Para ubicación de los lectores, en ese tiempo los teléfonos se discaban, la palabra internet no existía ni entre los científicos peruanos.
Una de las sesiones de ese ciclo fue con Martha Hildebrandt y su intervención sobre la corrección en la lengua me impresionó. A veces me acompañaba a ese auditorio mi padre (¿o sería que yo lo acompañaba a él?), otras veces fui con mi mejor amigo del barrio -Miguel- quien en ese tiempo aún se portaba como niño, hacía todo lo posible para que me tropezara, me riera, o para él burlarse por millonésima vez de mí. También se divertía viendo los diarios gringos, llenos de color, bien impresos. ¿Qué habrá en el piso 18 del BBVA ahora?